Día 3: Yo “Abrazo/acepto”

Día en que las dificultades de querer traducir literalmente los mantras de la práctica tocan mi puerta.

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Hoy fue el turno de “Embrace” que según San Google se traduce directamente como “abrazo”, peeeeeeeero  esa no es la única manera de entender esa palabra (bienvenidos a las maravillas del lenguaje).

Las interpretaciones que tiene van de la mano, pero el fondo al que llegan es la diferencia. Así que por cuestiones prácticas nos iremos con la siguiente (de mi creación):

“Tomar algo (incluir, aceptar, sostener) con entusiasmo y amor”

A detectar esas cosas, situaciones, personas, etcétera, que acepto con entusiasmo y amor (prepárense porque muy probablemente entremos a territorio cursi):

  1. Lo primero que viene a mi mente son mis perros…. jajaja no se crean, sí es cierto, pero vienen en segundo lugar. Lo primero es mi relación. No todo es miel sobre hojuelas, pero siempre vale la pena, citando al novio: “Lo pago”. (Si quieren información al respecto se pueden dar un clavado a los archivos de este blog que están llenos de cartas de amor inspiradas por su amor).
  2. Mis perros, a veces siento tanto por ello que los abrazo muy fuerte y me gruñen, pero sé que me aman. Abu nos lo demostró acostándose panza arriba el otro día (cosa que nunca había hecho… si eso no es confianza no sé qué lo sea).
  3. Mis amistades actuales (incluyendo familiares), en mi caso es cierta la frase milenaria de: “Conforme creces tus amistades se reducen en número pero se multiplican en esencia”.
  4. El cansancio, bueno, más bien el esfuerzo que hice al correr y el no dejarme vencer por mi mente y empujarme un poquito más (esas subidas matonas de mi colonia no me van a ganar).
  5. Con eso en mente y para terminar (porque una lista con 5 puntos se siente redonda y completa) tomo lo siguiente: cada día, desde hace más o menos un mes, decido estar presente en mi compromiso conmigo misma. Contra todo pronóstico estoy venciendo mi habitual flojera de no hacer nada. Y con aceptación entusiasta estoy dándome la oportunidad de hacer algo por y para mí, que en este caso es el ejercicio.

Como extra gracioso hoy al finalizar la práctica acaricie tiernamente mi pancita y le dije que la quería, que nos pondríamos en forma, pero que el aprecio por ella era real.

-Jajaja… nos vemos mañana.

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Belo y un nuevo tipo de familia

El 30 de Enero cumplí años, 27 años para ser exactos y un golpe de realidad me azotó la cara, pero de una de las formas más tiernas en las que podía llegar. Me di cuenta de que estoy formando una familia (tranquilos, tranquilos, no se me adelanten y sigan leyendo, que estoy casi 100% segura de que no nos referimos a lo mismo).

Estaba en la oficina, era un lunes completamente normal a no ser por los abrazos extras que recibí y el pastel que me esperaba pacientemente en el refrigerador del comedor. Pasé las primeras horas laborales poniéndome al corriente con los correos y pendientes de la semana cuando, aproximadamente a las 11am, me llegó un mensaje del novio que decía algo más o menos así: “Tienes una sorpresa atrás del asiento del copiloto”, le contesté con un poco de incredulidad a lo que respondió: “Solo hay una forma de averiguarlo”. Dejé por un momento mis pendientes y fui en busca de “la sorpresa” y vaya que me llevé una.

El regalo fue maravilloso y atinado como suelen ser los regalos del novio (el segundo libro ilustrado de Harry Potter para la colección), pero me dio algo más. En la envoltura, escrito con plumón, venía una tierna dedicatoria firmada con las palabras: “Tu familia”.

Siéndoles bien honesta mi primera reacción fue un “A caray, en qué momento mis papás mandaron este paquete” y justo debajo de la firma había un dibujo con el novio, Abú, Gabo y Tami… lo único que puedo decirles es que mi corazón palpitó más fuerte, no más rápido, solo con mayor intensidad.

Fue como un momento al estilo Sherlock Holmes (la serie de BBC), en donde pasan escenas a toda velocidad mientras el investigador le explica a Watson las pistas que lo llevan a la solución más lógica, esas pistas que son obvias para él, pero que pasan desapercibidos para los demás. Podríamos decir que yo era el Watson en esta ecuación.

¿Cuál fue el segundo regalo? La realización de que he llegado a ese momento de vida en donde mi familia nuclear está cambiando. Ha pasado de ser una familia de cuatro a una familia de dos (+ tres perros). Y estoy bien con eso, estoy tranquila, estoy emocionada. Me encanta que el novio se sume a los VG y me encanta sumarme a los MO y que dentro de la mezcla surja un nuevo nombre, uno que es nuestro, uno que nos une.

No sé, creo que la vida va avanzando, trayendo sorpresas y momentos mágicos. Y aunque hay períodos en que mi mente se envuelve en ridiculeces exageradas al estilo de: “Ya tengo 27 y mi vida no está cerca de lo que imaginaba a los 10” (sí, soy un cliché encantador en múltiples áreas de mi existencia). Son esos sencillos grandes momentos en mi cotidianeidad los que me hacen sonreír constantemente y tranquilizan a todos esas dramatizaciones que a veces me invaden.

Gracias, novio, diste otro jonrón.

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-Nos vemos pronto

Belo y la importancia de las palabras

Opinar. Ese maravilloso derecho que todos tenemos y que despertó el interés para escribir esta entrada.

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El otro día me topé con un comentario en la radio que decía más o menos así: “Yo tengo la suerte de tener el mayor rating a nivel nacional en programas matutinos y por eso les digo que la culpa es de….”. No podía creerlo, ¿cómo es posible que una persona de opinión pública, al parecer importante, se atreviera a vociferar con tanta ligereza un juicio fuerte y contundente hacia una situación social sobre la que tenía poco o nulo conocimiento formal? De repente, la respuesta se planteó frente a mí:

“No ponemos atención a las palabras que decimos y al impacto que estas opiniones tienen en nuestra vida y en la vida de los demás”

            Todos en este mundo, por el simple hecho de ser personas, somos responsables de las palabras que salen de nuestra boca, la intensión con las que las decimos y el impacto que tienen.      No seamos tan ligeros al utilizarlas porque sus ecos retumban fuerte, retumban lejos y retumban por mucho tiempo. Los juicios generan vergüenza y en lugar de proveer un espacio seguro para expresarnos, generan barreras más altas y con materiales más duraderos. Nos separamos en lugar de unirnos.

            Hoy, los invito a que empecemos a ponerles atención. A opinar con consciencia. A crear una cultura de análisis acerca del discurso que damos. Pongamos atención a lo que estamos promoviendo y promulgando con nuestras opiniones. Hablemos desde un conocimiento real, desde una experiencia real y no juzguemos tan rápidamente situaciones que no terminamos de comprender. Es más, no juzguemos, punto.

            Démonos cuenta del impacto que tenemos en los demás, de lo que nuestras palabras significan. Hagamos consciencia de que a lo mejor para nosotros lo que decimos no son más que palabras, pero para los demás, para esas personas que nos escuchan, pueden ser verdades que se vuelven hechos.

            Como bien lo dijo Benito Taibo en Persona normal:

“La gente le tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie para siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero… Lo importante es cómo se usan y qué se quiere decir cuando se usan.”

-Nos vemos pronto

Belo y los Pensamientos Positivos

{Primero que nada, lo expuesto en esta entrada es una opinión totalmente personal, basada principalmente en mis propias experiencias y perfeccionada con libros que he leído y pláticas que he tenido.}

Creo que no lo he mencionado antes pero soy psicóloga y actualmente estoy trabajando en terapia infantil, esto (entre otras cosas) quiere decir que tengo que idear una forma sencilla y entretenida de explicar las cosas para edades que van desde los 4 hasta los 13 años.

[Dato curioso: estar viendo las cosas desde un punto de vista sencillo hizo que me diera cuenta de cómo nos gusta complicar las cosas y las explicaciones que damos de las mismas]

Uno de los temas más famosos y que tratamos (mi compañera y yo) de explicarle a los niños que pasan por nuestra puerta es la importancia de aprender a controlar y educar nuestra mente para que piensen positivamente, dándole especial relevancia a esta parte. Aquí es necesario romper una errónea creencia en donde se ve al positivismo como estar siempre feliz.

Esto es una gran mentira. Pensar positivamente no se refiere a ser una sonriente persona que camina con saltitos y canta rodeada de animales silvestres. Yo lo entendí así por mucho tiempo y me trajo más dolores de cabeza que cosas positivas. Pero el momento que logré diferenciar esos dos conceptos como complementarios pero no iguales e hice las paces con mis sentimientos “negativos” me volví una persona más feliz.

Entonces, ¿Qué significa pensar positivamente?

  • Ver el mejor lado posible a una situación.
  • Saber que traerá algo bueno.
  • Aceptar que habrá momentos en que nos sintamos tristes, enojados o intranquilos y saber que podemos ver el mejor lado posible de una situación donde busquemos el aprendizaje que tiene para enseñarnos.

No digo que esto sea algo fácil, pero si es posible. Entrenar nuestra mente es una práctica que se debe hacer a diario y sirve el tener compañeros que nos ayuden a ver la luz cuando nosotros nos quedamos estancados en el túnel.

Entonces, dentro de las cosas que nos caracterizan como seres humanos es que todos pensamos, sentimos y actuamos. Se que hay un debate filosófico “del huevo y la gallina” en torno a los pensamientos y sentimientos, pero lo que he encontrado más sencillo es explicarlo desde ese orden: Pensamientos-Sentimientos-Acciones que dividimos en Positivo o Negativo. Entendiendo como positivo todo lo que nos brinde tranquilidad y nos impulse a seguir adelante y como negativo lo que nos va a tener dudando de nosotros mismos. Como bien dicen uno mismo es su mejor aliado o su peor enemigo.

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La idea detrás de esto es muy sencilla: si nosotros pensamos positivamente, vamos a tener sentimientos positivos (en este caso de tranquilidad) y vamos a actuar positivamente, pero si por el contrario tenemos pensamientos negativos, vamos a sentirnos mal o decaídos y vamos a tener acciones negativas para nuestra vida. Teniendo en claro que esto funciona como un círculo ya que esas acciones sean positivas o negativas van a desencadenar una línea de pensamiento y continúa el proceso. Y aunque todos funcionan interdependientemente si logramos controlar nuestros pensamientos vamos a tener un rol activo en el funcionamiento del proceso circular.

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Algo muy importante detrás de todo esto es que nos es más fácil aceptar lo negativo o ver el lado negativo de las cosas que lo positivo, por eso la importancia de darnos cuenta de esta situación y tomar un rol activo en la misma.

Los dejo con un ejercicio muy sencillo que pueden hacer en este momento: ver cuántos pensamientos negativos y positivos pueden decir en un minuto, el resultado puede sorprenderlos.

Entonces ¿Cómo le podemos hacer para remediar esto?

[En la próxima entrada, que prometo será antes del domingo, les compartiré los tips que personalmente me están sirviendo para desarrollar esa habilidad mental]

-Nos vemos pronto