Qué triste fue decirnos adiós…

¡Pero ya no! Este fin de semana nuestra frase de domingo por la noche: “Te vas con cuidado, me avisas cuando llegues” pasó a ser un: “Ya me voy a acostar, mi amor, tengo mucho sueño”.

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Tengo muchas ganas de escribir acerca de esto, pero no logro identificar cuál es el tono con el que quiero narrarlo. A él tengo muchas cosas cursis y románticas que decirle, al mundo tengo opiniones para contarle y para mi tengo ese enorme deseo de registrar lo que está pasando como una manera de poder regresar a leer estas páginas y recordar lo que Beli de 26 años pensaba, sentía y creía al respecto de todo esto.

Sin más preámbulos: El Novio y yo, después de mucho platicarlo y andar en un “Si si-no no” por fin vivimos bajo un mismo techo. Y qué bonito se siente ser dueños (por un año al menos) de un lugar al que con gusto llamamos hogar (esperemos que pasada la fase de luna de miel sigamos diciendo lo mismo jaja).

So far so good, dirían mis vecinos americanos. Por el momento es todo. Bienvenido, Novio, Beli y resto de ustedes que me leen a una nueva etapa de nuestra vida.

La aventura nos aguarda, seguiremos reportando.

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-Nos vemos pronto :)

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Hagamos un trato

IMG_0564Vamos a poseer experiencias y dejar de tener cosas, vamos a dejar de soñar y hagamos de esta vida el sueño que tenemos.

Te propongo que soltemos las redes de la sociedad y nos guiemos por lo que somos en nuestro Ser.

Te propongo una mochila en la espalda, una cámara en el cuello y un cuaderno para escribir, llamemos “casa” al mundo y a nuestros brazos “hogar”.

Te propongo peleas en senderos desconocidos, ya que mis indicaciones no mejoran con mapas en físico, y noches con estrellas, a las que les inventemos nombres que nos parezcan graciosos.

Te propongo risas de chistes mal contados que maten el tiempo esperando trenes, lágrimas de cansancio cuando nuestros pies no puedan más y abrazos de apoyo que nos levanten a dar el siguiente.

Te propongo no dormir enojados, expresar sentimientos sin manipulación y decir “no sé” cuando las respuestas se nos escapen.

Te propongo que tengamos un hijo o dos o tres, junto con seis perros y dos gatos o si se nos antoja no tengamos ninguno, hagamos las reglas entre nosotros.

Te propongo que encontremos la velocidad exacta en la que los dos caminemos agusto y que demos el paso para no volver atrás.

Te propongo males de altura y sentimientos de grandeza por las cumbres conquistadas, aunque algunas de ellas sean más de uno que de los dos.

Te propongo aterrizar de vez en cuando mis sueños para que no siempre te toque ser el realista y también darte el espacio para que tus propias alas puedan estirarse para volar.

Te propongo que compartamos el peso para que los dos sintamos la ligereza que el amor provee.

Te propongo decir más veces sí y no dejarnos llevar por el cansancio.

Te propongo enamorarnos un poquito más cada día.

Te propongo que lo hagamos, que escuchemos esa voz que nos invita a intentar, a explorar, a ir descubriendo sobre la marcha el camino marcado, a utilizar nuestro cuerpo al máximo y abrir los ojos a los que nos rodea.

Te propongo que nos “demos la mano y vayamos a darle la vuelta al mundo”.

Te lo propongo para que al final del camino podamos vernos a los ojos y sonreír.

-Nos vemos pronto.

Ya no quiero que te vayas

la foto (22)Estaba terminando de leer un libro el día de hoy y de todas las cosas que pasaban por mi mente esas fueron las que lograron sacarme de mi concentración y mandarme a volar. De esas veces que sigues leyendo pero que en algún punto te detienes y dices: “Muy bien, tengo que regresar porque no tengo idea de que leí en esas 3 páginas por estar soñando despierta”. Y no porque sea un mal libro, al contrario, fue ese pensamiento evocado por su lectura que no se pudo obviar.

            Ya no quiero que te vayas. Pude imaginarme claramente la escena de domingo por la tarde acostada en la cama mientras veo cómo arreglas tu maleta (que normalmente consiste en guardar la computadora y meter dos playeras en una mochila más grande de lo necesario). Al terminar te acercas a mí, yo me levanto y me pongo de rodillas en la cama, me abrazas para despedirte y por primera vez me atrevo a decir lo que siento todos los domingos que te veo desde hace casi 2 años: “Ya no quiero que te vayas”. Y es la primera vez no por falta de confianza o pena de exponerme tanto. Si no porque la emoción pudo más que la razón y salió sin poderlo detener (como esa vez que me dijiste te amo de la nada, en una fiesta mientras nos reíamos de un comentario atinado que complementamos a la perfección. Y los dos tomados por sorpresa ante tus palabras nos vimos y nos reímos aún más. La manera perfecta de que esa frase tan temida entrará en nuestra relación). No buscaba detenerlo porque fuera malo, si no simplemente porque no quiero poner una posición incómoda o difícil en nosotros, ya que en estos momentos nuestra realidad no tiene como ser otra, en estos momentos es lo que nos toca vivir y darle brillo de la mejor forma que podamos. Te digo eso, “Ya no quiero que te vayas”, aún abrazándote, me aviento para atrás trayéndote conmigo y logro entrelazar mis piernas en tu espalda baja para sentirte lo más pegado a mi posible.

            No se necesitan palabras en un momento así, sólo sentir tu respiración al compás de la mía y cómo exhalas el aire al nivel de mi cuello, luego me haces sonoras trompetas, nos reímos y se aligera el ambiente, nos vamos separando mientras enlazamos las manos. Caminamos a la puerta, me das un beso y nuestras manos se sueltan mientras cruzas el umbral, “Con cuidado”, te digo.

…..

El primer día que no estás es el más difícil, cuando mi cama todavía tiene tu olor pero tu figura no se dibuja en la sábana. Uno pensaría que sería más fácil porque el recuerdo de tu presencia está fresco, pero no es así, al menos en mi caso. Normalmente hay algo olvidado (como hace dos semanas ese cinturón negro), recuerdo como gané la lotería cuando olvidaste una sudadera y pude dormir calientita sintiendo que me estabas abrazando toda la semana. Después, conforme pasan los días me voy acostumbrando a que no estás, te extraño, pero la sensación es diferente y entonces llega el viernes, entras por mi puerta, me aviento a tus brazos, nos reímos y reinicia el ciclo que no tiene un final escrito en donde sigo diciendo en silencio: “Ya no quiero que te vayas”.

-Nos vemos pronto