Belo y la importancia de las palabras

Opinar. Ese maravilloso derecho que todos tenemos y que despertó el interés para escribir esta entrada.

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El otro día me topé con un comentario en la radio que decía más o menos así: “Yo tengo la suerte de tener el mayor rating a nivel nacional en programas matutinos y por eso les digo que la culpa es de….”. No podía creerlo, ¿cómo es posible que una persona de opinión pública, al parecer importante, se atreviera a vociferar con tanta ligereza un juicio fuerte y contundente hacia una situación social sobre la que tenía poco o nulo conocimiento formal? De repente, la respuesta se planteó frente a mí:

“No ponemos atención a las palabras que decimos y al impacto que estas opiniones tienen en nuestra vida y en la vida de los demás”

            Todos en este mundo, por el simple hecho de ser personas, somos responsables de las palabras que salen de nuestra boca, la intensión con las que las decimos y el impacto que tienen.      No seamos tan ligeros al utilizarlas porque sus ecos retumban fuerte, retumban lejos y retumban por mucho tiempo. Los juicios generan vergüenza y en lugar de proveer un espacio seguro para expresarnos, generan barreras más altas y con materiales más duraderos. Nos separamos en lugar de unirnos.

            Hoy, los invito a que empecemos a ponerles atención. A opinar con consciencia. A crear una cultura de análisis acerca del discurso que damos. Pongamos atención a lo que estamos promoviendo y promulgando con nuestras opiniones. Hablemos desde un conocimiento real, desde una experiencia real y no juzguemos tan rápidamente situaciones que no terminamos de comprender. Es más, no juzguemos, punto.

            Démonos cuenta del impacto que tenemos en los demás, de lo que nuestras palabras significan. Hagamos consciencia de que a lo mejor para nosotros lo que decimos no son más que palabras, pero para los demás, para esas personas que nos escuchan, pueden ser verdades que se vuelven hechos.

            Como bien lo dijo Benito Taibo en Persona normal:

“La gente le tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie para siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero… Lo importante es cómo se usan y qué se quiere decir cuando se usan.”

-Nos vemos pronto

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