Belo y un nuevo tipo de familia

El 30 de Enero cumplí años, 27 años para ser exactos y un golpe de realidad me azotó la cara, pero de una de las formas más tiernas en las que podía llegar. Me di cuenta de que estoy formando una familia (tranquilos, tranquilos, no se me adelanten y sigan leyendo, que estoy casi 100% segura de que no nos referimos a lo mismo).

Estaba en la oficina, era un lunes completamente normal a no ser por los abrazos extras que recibí y el pastel que me esperaba pacientemente en el refrigerador del comedor. Pasé las primeras horas laborales poniéndome al corriente con los correos y pendientes de la semana cuando, aproximadamente a las 11am, me llegó un mensaje del novio que decía algo más o menos así: “Tienes una sorpresa atrás del asiento del copiloto”, le contesté con un poco de incredulidad a lo que respondió: “Solo hay una forma de averiguarlo”. Dejé por un momento mis pendientes y fui en busca de “la sorpresa” y vaya que me llevé una.

El regalo fue maravilloso y atinado como suelen ser los regalos del novio (el segundo libro ilustrado de Harry Potter para la colección), pero me dio algo más. En la envoltura, escrito con plumón, venía una tierna dedicatoria firmada con las palabras: “Tu familia”.

Siéndoles bien honesta mi primera reacción fue un “A caray, en qué momento mis papás mandaron este paquete” y justo debajo de la firma había un dibujo con el novio, Abú, Gabo y Tami… lo único que puedo decirles es que mi corazón palpitó más fuerte, no más rápido, solo con mayor intensidad.

Fue como un momento al estilo Sherlock Holmes (la serie de BBC), en donde pasan escenas a toda velocidad mientras el investigador le explica a Watson las pistas que lo llevan a la solución más lógica, esas pistas que son obvias para él, pero que pasan desapercibidos para los demás. Podríamos decir que yo era el Watson en esta ecuación.

¿Cuál fue el segundo regalo? La realización de que he llegado a ese momento de vida en donde mi familia nuclear está cambiando. Ha pasado de ser una familia de cuatro a una familia de dos (+ tres perros). Y estoy bien con eso, estoy tranquila, estoy emocionada. Me encanta que el novio se sume a los VG y me encanta sumarme a los MO y que dentro de la mezcla surja un nuevo nombre, uno que es nuestro, uno que nos une.

No sé, creo que la vida va avanzando, trayendo sorpresas y momentos mágicos. Y aunque hay períodos en que mi mente se envuelve en ridiculeces exageradas al estilo de: “Ya tengo 27 y mi vida no está cerca de lo que imaginaba a los 10” (sí, soy un cliché encantador en múltiples áreas de mi existencia). Son esos sencillos grandes momentos en mi cotidianeidad los que me hacen sonreír constantemente y tranquilizan a todos esas dramatizaciones que a veces me invaden.

Gracias, novio, diste otro jonrón.

img_4276

-Nos vemos pronto

Anuncios

CUATRO. AÑOS. DE. RELACIÓN

Cinco meses viviendo juntos. Un aniversario más. Cuatro años de relación…

CUATRO. AÑOS. DE. RELACIÓN

El novio y yo cumplimos un año más en esta linda y retadora relación (plan con maña del señor escoger el primero de Enero para evitar el bochorno de alguna vez olvidar la fecha. Muy inteligente de su parte, hasta ahorita la estrategia está funcionando de maravilla).

—¿Cuál crees que es el secreto de que funcionemos? —pregunté.

—Paciencia —respondió. Y después de reírse en tono burlón muy sabiamente añadió—. La intimidad.

Pero déjenme explicarles antes de que vuelen a lugares que no son.

Él hablaba de esa intimidad que se vive al permitirse ser vistos por otra persona tal y como uno es. La intimidad lograda al mostrarte en cualquier tipo de momentos, pero especialmente en tus “peores”. En otras palabras, él y yo funcionamos gracias a que hemos aceptado nuestra propia vulnerabilidad (casi por completo… somos un trabajo en desarrollo) y nos atrevemos a compartirla el uno con el otro.

No siempre es fácil, a veces cuesta dos o tres intentos de entablar una conversación, a veces trae consigo momentos no tan gratos en donde nos desesperamos y tenemos que irnos cada quien a una esquina a respirar y después regresar al tema. Pero lo más importante de todo: con el paso del tiempo hemos aprendido que aunque cueste, aunque sea bochornoso o aunque nos haga sentir “expuestos”, vale la pena hacerlo y hasta ahorita siempre hemos encontrado un lugar seguro en el otro para dejar salir ese pedacito de vulnerabilidad a respirar cuando lo necesite.

Así que con mucho orgullo nos doy una palmadita en la espalda y con el corazón lleno nos digo: ¡FELICIDADES!, porque nos ha costado, porque nos ha retado y porque nos ha enfrentado a la vida para ser más honestos con nosotros mismos y poderlo ser en la relación.

-Nos vemos pronto.

 

Esta entrada me recordó la primera vez que hablé de vulnerabilidad en este blog, te la dejo AQUÍ por si te interesa leerla.