Al cerrar los ojos

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De esos días en los que me daba miedo la idea de irme a dormir…

Cierro los ojos, trato de concentrarme en mi respiración, me obligo a mantenerla tranquila mientras siento como los largos brazos de la niebla salen debajo de la cama y empiezan a subir por mis pies, se deslizan por mis piernas y dejan en mi todo su peso volviendo difícil cualquier tipo de movimiento…

Los abro, sudo frío, respiro agitadamente, está arriba, abajo, aquí, allá, en todos lados y en ninguno, es imposible detectarla, tomarla con fuerza y aventarla lejos de mí o esconderla en ese frasco de galletas prohibidas o debajo de la cama para que no logre salir nunca más.

Y de repente nada, intento cerrar los ojos una vez más y en la primera respiración la siento de nuevo, envolviendo mi torso, mis brazos, empujando con fuerza sobre el colchón y entrando por cada orificio de mi cara para lograr llegar a mi cerebro y ahí poner su campamento.

Mis ojos se abren,  agua salada rueda por mi rostro, trato de descubrirla antes de que llegue a mí, pero no logro distinguirla hasta que la encuentro materializada en mi corazón, en mi cabeza y todo se vuelve un torbellino de pensamientos y emociones sin sentido, palabras que se dibujan en mi mente y no me dicen nada: miedo, sola, loca, ansiedad, diferente, frío, calor, locura, drama, exagerada, descontrol, locura. Palabras que me dejan vacía, aterrada, luchando con todas mis fuerzas contra unos párpados que imploran cerrarse y descansar.

Se cierran, los abro… se cierran, los abro… se cierran y aparece, me toca, me llena, me aterra y no hay nada más que hacer. El destino marca esa noche para ser otra de esas en las que no duermo.

Noche número cinco, prueba no superada.

-Nos vemos pronto