CUATRO. AÑOS. DE. RELACIÓN

Cinco meses viviendo juntos. Un aniversario más. Cuatro años de relación…

CUATRO. AÑOS. DE. RELACIÓN

El novio y yo cumplimos un año más en esta linda y retadora relación (plan con maña del señor escoger el primero de Enero para evitar el bochorno de alguna vez olvidar la fecha. Muy inteligente de su parte, hasta ahorita la estrategia está funcionando de maravilla).

—¿Cuál crees que es el secreto de que funcionemos? —pregunté.

—Paciencia —respondió. Y después de reírse en tono burlón muy sabiamente añadió—. La intimidad.

Pero déjenme explicarles antes de que vuelen a lugares que no son.

Él hablaba de esa intimidad que se vive al permitirse ser vistos por otra persona tal y como uno es. La intimidad lograda al mostrarte en cualquier tipo de momentos, pero especialmente en tus “peores”. En otras palabras, él y yo funcionamos gracias a que hemos aceptado nuestra propia vulnerabilidad (casi por completo… somos un trabajo en desarrollo) y nos atrevemos a compartirla el uno con el otro.

No siempre es fácil, a veces cuesta dos o tres intentos de entablar una conversación, a veces trae consigo momentos no tan gratos en donde nos desesperamos y tenemos que irnos cada quien a una esquina a respirar y después regresar al tema. Pero lo más importante de todo: con el paso del tiempo hemos aprendido que aunque cueste, aunque sea bochornoso o aunque nos haga sentir “expuestos”, vale la pena hacerlo y hasta ahorita siempre hemos encontrado un lugar seguro en el otro para dejar salir ese pedacito de vulnerabilidad a respirar cuando lo necesite.

Así que con mucho orgullo nos doy una palmadita en la espalda y con el corazón lleno nos digo: ¡FELICIDADES!, porque nos ha costado, porque nos ha retado y porque nos ha enfrentado a la vida para ser más honestos con nosotros mismos y poderlo ser en la relación.

-Nos vemos pronto.

 

Esta entrada me recordó la primera vez que hablé de vulnerabilidad en este blog, te la dejo AQUÍ por si te interesa leerla.

Qué triste fue decirnos adiós…

¡Pero ya no! Este fin de semana nuestra frase de domingo por la noche: “Te vas con cuidado, me avisas cuando llegues” pasó a ser un: “Ya me voy a acostar, mi amor, tengo mucho sueño”.

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Tengo muchas ganas de escribir acerca de esto, pero no logro identificar cuál es el tono con el que quiero narrarlo. A él tengo muchas cosas cursis y románticas que decirle, al mundo tengo opiniones para contarle y para mi tengo ese enorme deseo de registrar lo que está pasando como una manera de poder regresar a leer estas páginas y recordar lo que Beli de 26 años pensaba, sentía y creía al respecto de todo esto.

Sin más preámbulos: El Novio y yo, después de mucho platicarlo y andar en un “Si si-no no” por fin vivimos bajo un mismo techo. Y qué bonito se siente ser dueños (por un año al menos) de un lugar al que con gusto llamamos hogar (esperemos que pasada la fase de luna de miel sigamos diciendo lo mismo jaja).

So far so good, dirían mis vecinos americanos. Por el momento es todo. Bienvenido, Novio, Beli y resto de ustedes que me leen a una nueva etapa de nuestra vida.

La aventura nos aguarda, seguiremos reportando.

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-Nos vemos pronto :)

Querida, Beli (a mis 20 años)

Sé que te sientes un poco perdida, siéndote honesta yo también lo estoy (seguimos en eso juntas, pero de manera diferente). Sé que estas en una encrucijada, te toparás con varias más para tus 26, pero ten confianza en que las decisiones que tomaste te trajeron hasta aquí y te han permitido aprender ciertas cosas que no habrías hecho de otra manera.

No te preocupes tanto, para tus 26 años estas empezando proyectos interesantes que están llenando tu vida de emoción y entrega. Por fin entiendes lo que quieren decir con “el que quiere azul celeste que le cueste”. Pero sabes, también te has dado cuenta de que “batallar”, echarle ganas y recibir críticas duras vale la pena y es algo que estás aprendiendo a disfrutar y a tomar para crecer.

Vas a tener muchas ideas interesantes, atrévete a llevarlas más allá, atrévete a comprometerte con algo, a intentarlo, no te digo que cambiaría tu vida en poco tiempo, pero creo que eso haría que lleváramos el camino un poco más recorrido.

A tus 24 años vas a ver un video en TED que cambiará la forma en que vives tus emociones y las expresas. Ya verás, te darás cuenta de que el amor no es una lucha de poder y que el mostrarte vulnerable te ha hecho más fuerte de lo que creías. Te adelanto que ya te puedes enojar (y te sale muy bien) sólo no te claves en el drama que a veces el novio no está de humor para aguantarlo. Su paciencia tiene límites, no abuses de ella.

¿Qué más te puedo contar? Por fin adoptaste un perro que cambió tu vida y aunque le apesta el hocico porque come popo lo adoras y duerme en tu cama todos los días. Tienes un novio maravilloso con el que estas aprendiendo el arte de tener una relación y compartir tu vida con otra persona. Tiene su chiste y prepárate qué llegar a ese punto va a estar pesado, pero míranos, seguimos sonriendo al hablar de él. Y tu sueño de ser escritora sigue vigente y viento en popa. Te aseguro que para antes de los 30 lo habremos hecho una realidad.

Te agradezco las decisiones que has tomado, no siempre has dado lo mejor de ti, pero ya nos dimos cuenta y estamos en eso. Ah por cierto, lo que dicen es cierto: a los 26 sigues siendo joven pero tu cuerpo ya no responde igual así que si me ayudas no perdiendo el hábito del ejercicio estaría con madre.

Y una cosa más, que también es un gran cliché… después de la carrera el tiempo literal se pasa volando, aprovéchalo al máximo, yo te aseguro que haré mi mayor esfuerzo para que a los 30 podamos voltear para atrás y digamos “Venga, vamos por otros diez igual”.

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-Nos vemos pronto

Hagamos un trato

IMG_0564Vamos a poseer experiencias y dejar de tener cosas, vamos a dejar de soñar y hagamos de esta vida el sueño que tenemos.

Te propongo que soltemos las redes de la sociedad y nos guiemos por lo que somos en nuestro Ser.

Te propongo una mochila en la espalda, una cámara en el cuello y un cuaderno para escribir, llamemos “casa” al mundo y a nuestros brazos “hogar”.

Te propongo peleas en senderos desconocidos, ya que mis indicaciones no mejoran con mapas en físico, y noches con estrellas, a las que les inventemos nombres que nos parezcan graciosos.

Te propongo risas de chistes mal contados que maten el tiempo esperando trenes, lágrimas de cansancio cuando nuestros pies no puedan más y abrazos de apoyo que nos levanten a dar el siguiente.

Te propongo no dormir enojados, expresar sentimientos sin manipulación y decir “no sé” cuando las respuestas se nos escapen.

Te propongo que tengamos un hijo o dos o tres, junto con seis perros y dos gatos o si se nos antoja no tengamos ninguno, hagamos las reglas entre nosotros.

Te propongo que encontremos la velocidad exacta en la que los dos caminemos agusto y que demos el paso para no volver atrás.

Te propongo males de altura y sentimientos de grandeza por las cumbres conquistadas, aunque algunas de ellas sean más de uno que de los dos.

Te propongo aterrizar de vez en cuando mis sueños para que no siempre te toque ser el realista y también darte el espacio para que tus propias alas puedan estirarse para volar.

Te propongo que compartamos el peso para que los dos sintamos la ligereza que el amor provee.

Te propongo decir más veces sí y no dejarnos llevar por el cansancio.

Te propongo enamorarnos un poquito más cada día.

Te propongo que lo hagamos, que escuchemos esa voz que nos invita a intentar, a explorar, a ir descubriendo sobre la marcha el camino marcado, a utilizar nuestro cuerpo al máximo y abrir los ojos a los que nos rodea.

Te propongo que nos “demos la mano y vayamos a darle la vuelta al mundo”.

Te lo propongo para que al final del camino podamos vernos a los ojos y sonreír.

-Nos vemos pronto.

Belo e (inserta cualquier momento de tu vida)

la foto (1)“Me encantaría regresar a (inserta cualquier momento de tu vida), fue la mejor época de mi vida, estaba súper padre, era bien feliz.”

—¿Cuántas veces ha llegado esa frase a mi cabeza?

—Muchas…


Estaba buscando algo cerca del trabajo para comer el día de hoy, la Belo de ayer tuvo flojera y no se hizo comida. Mientras caminaba pasé por una prepa y recordando todo lo que mi prepa fue, la peligrosa frase de arriba llegó a mi mente. “¿Qué estas pensando?”, me dije, “¿de verdad quieres volver a vivirlo?”.

Es cierto que me encantó esa época, con sus altas y bajas fue muy buena. Ahora tiendo a recordar sólo lo bueno, eso es lo chistoso del tiempo: normalmente nos quedamos con lo bueno y lo malo se esfuma por los laberintos de la mente, aunque a veces es lo contrario, supongo que depende de nosotros, ¿qué es lo que nos aferramos en recordar?

Volviendo al tema, regresar a esa época significa no vivir lo que he vivido hasta el día de hoy, no conocer a la gente que conozco, ni tener las relaciones que tengo, ¿De verdad, Belinda, quieres eso?

La respuesta es: no. Lo que soy y lo que me ha permitido descubrir qué es lo que quiero hacer se dio gracias a lo que he vivido y a las personas a mi alrededor. Hacerlo significaría dejar de ser yo y la neta me quiero, me caigo bien, me gustan los sueños que tengo y los que comparto con otras personas, me gusta hacia donde quiero ir y me gustan las relaciones que tengo, me han enseñado mucho y más que todo me han hecho feliz.

Tengo 25 años, soy una adulta dándole sentido a la vida y tratando de alcanzar sus sueños. Soy joven y tengo que dejar de vivir como el señor que le pide al santo ganarse la lotería pero nunca compra boleto.  Poner prioridades, dejar ciertas cosas por otras y no dormir tanto para poder trabajar en ellas. Dejar de decir: cuando gané un poco más será más fácil, cuando viva contigo tendremos un mejor manejo del tiempo, cuando esto, cuando lo otro…

Entonces, ¿Cuál es la respuesta a esa añoranza?

Me di cuenta de que estaba descuidando mi hoy y no dando el mejor esfuerzo por esa sensación.

¿Qué hago?

Para empezar entendí que no se trata de querer que mi presente sea como mi pasado, si no lograr que mi presente sea lo que quiero con lo que tengo hoy. No me refiero a conformarme, me refiero a hacerlo que cuente, disfrutarlo con los medios que tengo para en un futuro recordarlo con amor.

Me di cuenta de que lo que añoro no es necesariamente el momento sino esa sensación de vivir como una persona libre, especialmente de niña. Si quería cantar, cantaba, si quería comer, comía, si quería empezar algo o terminarlo, lo hacía. Vivía libre, aprovechando lo que venía. Siendo yo, era una ñoña en la escuela y me encantaba, era muy social y me encantaba, poniéndolo en mi presente me dije: pues hazlo, es así de sencillo. Quieres leer, lee, quieres ir a museos, ve, deja de rendirte ante la flojera, la comodidad y la “falta de recursos”, deja de volver tus responsabilidades una excusa para no dar tu mayor esfuerzo… párate y anda.

Acepté que dentro de mis capacidades y oportunidades yo estoy formando mi presente, las cosas que he dejado de hacer y las que he empezado son por decisión mía y de nadie más.

Convertir esa añoranza en un recuerdo de paz no se trata de olvidar las cosas, si no de recordarlas con amor y aceptar que ese tiempo paso y en esta realidad estoy en otro momento. Recordar con cariño lo que ese tiempo fue y celebrarlo en el presente usando todo lo que, gracias a ese tiempo, soy y tengo.

Es un cambio de perspectiva:

¿Qué quiero?

¿A dónde quiero llegar?

¿Cuál es mi sueño?

¿Lo que estoy haciendo me está llevando ahí?

¿Cuál es el camino?

¿Cómo lo transito?

Es responder, dejar ser, disfrutar y caminar.

-Nos vemos pronto

Ya no quiero que te vayas

la foto (22)Estaba terminando de leer un libro el día de hoy y de todas las cosas que pasaban por mi mente esas fueron las que lograron sacarme de mi concentración y mandarme a volar. De esas veces que sigues leyendo pero que en algún punto te detienes y dices: “Muy bien, tengo que regresar porque no tengo idea de que leí en esas 3 páginas por estar soñando despierta”. Y no porque sea un mal libro, al contrario, fue ese pensamiento evocado por su lectura que no se pudo obviar.

            Ya no quiero que te vayas. Pude imaginarme claramente la escena de domingo por la tarde acostada en la cama mientras veo cómo arreglas tu maleta (que normalmente consiste en guardar la computadora y meter dos playeras en una mochila más grande de lo necesario). Al terminar te acercas a mí, yo me levanto y me pongo de rodillas en la cama, me abrazas para despedirte y por primera vez me atrevo a decir lo que siento todos los domingos que te veo desde hace casi 2 años: “Ya no quiero que te vayas”. Y es la primera vez no por falta de confianza o pena de exponerme tanto. Si no porque la emoción pudo más que la razón y salió sin poderlo detener (como esa vez que me dijiste te amo de la nada, en una fiesta mientras nos reíamos de un comentario atinado que complementamos a la perfección. Y los dos tomados por sorpresa ante tus palabras nos vimos y nos reímos aún más. La manera perfecta de que esa frase tan temida entrará en nuestra relación). No buscaba detenerlo porque fuera malo, si no simplemente porque no quiero poner una posición incómoda o difícil en nosotros, ya que en estos momentos nuestra realidad no tiene como ser otra, en estos momentos es lo que nos toca vivir y darle brillo de la mejor forma que podamos. Te digo eso, “Ya no quiero que te vayas”, aún abrazándote, me aviento para atrás trayéndote conmigo y logro entrelazar mis piernas en tu espalda baja para sentirte lo más pegado a mi posible.

            No se necesitan palabras en un momento así, sólo sentir tu respiración al compás de la mía y cómo exhalas el aire al nivel de mi cuello, luego me haces sonoras trompetas, nos reímos y se aligera el ambiente, nos vamos separando mientras enlazamos las manos. Caminamos a la puerta, me das un beso y nuestras manos se sueltan mientras cruzas el umbral, “Con cuidado”, te digo.

…..

El primer día que no estás es el más difícil, cuando mi cama todavía tiene tu olor pero tu figura no se dibuja en la sábana. Uno pensaría que sería más fácil porque el recuerdo de tu presencia está fresco, pero no es así, al menos en mi caso. Normalmente hay algo olvidado (como hace dos semanas ese cinturón negro), recuerdo como gané la lotería cuando olvidaste una sudadera y pude dormir calientita sintiendo que me estabas abrazando toda la semana. Después, conforme pasan los días me voy acostumbrando a que no estás, te extraño, pero la sensación es diferente y entonces llega el viernes, entras por mi puerta, me aviento a tus brazos, nos reímos y reinicia el ciclo que no tiene un final escrito en donde sigo diciendo en silencio: “Ya no quiero que te vayas”.

-Nos vemos pronto

La mujer que sentía su corazón

Los benditos rayos del sol fueron los aliados que permitieron a Alicia llegar a tiempo al trabajo. Al sentirlos sobre sus ojos despertó, bom…bom, volteó a ver el reloj y dando un brinco, que cualquier atleta envidiaría, saltó de la cama y corrió al vestidor a cambiarse, bom.bom.bom. Las siete y veinte eran muy tarde para estarse levantando. Bajó rápidamente las escaleras y salió corriendo de la casa para tratar de alcanzar el camión de las siete y cuarenta, bombombom. Lo alcanzó y, al fin sentada, estaba segura de que no llegaría tarde, bom…bom.

            Alicia no era la chica común y corriente. Nació con una peculiar característica: sentía su corazón. No en la manera de ser consciente del espacio corporal que abarca, no. Ella tenía una constante presencia de los latidos que daba. Cosa extraña, sin lugar a dudas, pero en ocasiones podía resultar bastante útil, como su madre le dijo el día que le confesó su habilidad: “Dejar que nuestro corazón sea la brújula de nuestra existencia es la mayor bendición que podemos tener, mi vida”; y desde entonces siempre se vio a sí misma como esa niña bendita que se convirtió en mujer al compás de su corazón, bom…bom.

            Se encontraba en ese borde peligroso entre los veinte y los treinta años en donde tu ambiente empieza a cambiar (una vez más) y la presión social encuentra un pico de crisis en donde si no estás llenando el molde las miradas y preguntas de extrañeza comienzan a llegar. Ella aún no sabía para donde iba ni que quería hacer de su vida, parejas habían llegado y se habían despedido, trabajos empezados y dejados, planes a medias, mudanzas, modas, bodas, bebes, todo era un constante cambio, todo a excepción de su fiel corazón, Alicia podía contar con que en la mañana al despertar ahí iba a estar con su “bom…bom” y que en la noche al dormir ese sonido guardaría su sueño de todo mal.

            Sentada en el asiento del final admiraba el paisaje de todos los días, bom…bom, el camión se detuvo en lo que sólo podía ser un alto, bom…bom, y vió cómo una persona llegaba corriendo con la esperanza de alcanzarlo antes de que arrancara, “Otro gallo dormido que no hizo su trabajo”, pensó riéndose para sus adentros, bom…bom. El camión avanzó, Alicia percibió los pasos del extraño que había subido y siguió el sonido hasta que se detuvo a lado de ella y se sentó. Bom.bom.bom, “Está bien, tranquilo”, pensó Alicia dirigiéndose a su corazón y, siguiendo el consejo que le había dado su madre, se guió una vez más por el eterno cantar de su mejor aliado. Giró su mirada para ponerle cara al adormilado compañero que le había causado tal emoción, “bombombombombom”, fue lo único que se logró escuchar.

-Nos vemos pronto