Un nuevo comienzo/A fresh start

Llevo un buen tiempo pensando en qué hacer con este blog. No me gusta la idea de solo subir entradas que sean mis historias de escritura creativa, porque eso significaría subir una entrada cada mes o mes y medio (si me va bien). Entonces llegué a la conclusión de que el canal lo usaré para todos aquellos tópicos con los que me sienta cómoda de hablarlos en video y el blog será mi pedacito de internet en donde escriba acerca de todo lo demás. Un tipo de diario, pero no tan privado, más bien nada privado, en donde comparta mis pensamientos, escritos de alguien más que me guste o me haga vibrar y cualquier cosilla que se me ocurra. Vamos a ver cómo funciona este nuevo experimento.

Tengo dos metas para este año, escribir una entrada a la semana y la otra es escribir en español e inglés (la segunda no es tan rígida y puede que no sea cada entrada).

Así que, bienvenidos de regreso a todos aquellos que han estado en este viaje desde el principio y bienvenidas personitas del otro lado de la pantalla que se topan recientemente con este pequeño sitio en el mundo del internet.

-Nos vemos pronto

I have been thinking for a month or so about what to do with this blog. I don’t like the idea of only posting my projects of creative writing because that could possibly be one post per month or month and a half (if I am lucky). So, my conclusion is this: the channel will be use for the topics that I feel comfortable speaking about in video and the blog will be my corner of the internet where I write about everything else. A kind of diary, but not private, to share my thoughts, quotes that I love or made me think and whatever my heart desires. Let see how this experiment works.

I have two goals or these year: post weekly and write in Spanish and English (the second one is not super strict, I don’t think it will be every post).

So welcome back to long readers and welcome to all you on the other side of the screen that just stumble upon this part of the interwebs.

-See you soon

 

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Pensamientos #1

IMG_4030Vamos a jugar a que nos entendemos, a que por hoy tú hablas mi idioma y yo hablo el tuyo y logramos ver más allá de la primera capa de palabras con las que usualmente nos comunicamos.

Vamos a jugar a que cuando nos tocamos salen chispas como en las películas y que al besarnos se escuchan los ecos de todos los besos a través de la historia.

Vamos a jugar a que nos vemos a detalle y con detenimiento, como si grabáramos cada parte de lo que hoy son nuestros rostros para evocarlos cuando estemos lejos y no se nos escape el lunar en mi mejilla izquierda o el tuyo en la derecha.

Vamos a jugar hasta que un día nos demos cuenta de que ya no es un juego y de que nos sonreímos sin razón aparente, como si el compartir cinco años de vida no fuera suficiente motivo para hacerlo.

Y en ese momento nos daremos cuenta de que nos entendemos, sin palabra alguna o con todas las del universo, algunas tuyas, otras cuantas mías, pero al final… nuestras.

-Nos vemos pronto

Un año de vivir contigo

  • Un montón de cajas desordenadas en “la sala”.
  • Sentarnos en la mesa definiendo qué le toca a quién.
  • Fin de semana de acomodar casi seis años de pertenencias.
  • La bonita sensación de encontrarle un lugar a casa cosa.
  • Acomodar plantas, cachivaches y encontrar la manera de decorar el baño de visitas.
  • Dormir por primera vez en nuestra cama y jubilar un colchón de más de treinta años de servicio.
  • Discusiones pataleando como niña chiquita.
  • Piedra, papel o tijeras para poner el siguiente capítulo.
  • Orines de perro… por todos lados.
  • Carcajearnos antes de dormir porque ya te desesperaste.
  • Despertar el domingo y verte jugar en la computadora… en boxers.
  • Flores.
  • Perros rascando la puerta… perros aullando porque quieren entrar.
  • El novio parrillero.
  • Tener cheve y vino de ley.
  • Pelear porque no barres fuerte.
  • Muchos besos de buenos días.
  • Disfrutar los domingos tirados en un colchón en la sala viendo la serie del momento.
  • Aprender a ceder.
  • No tener opción de mandarnos a nuestras casas cuando nos caemos mal.
  • Retos individuales que se comparten.
  • Abrazarte cuando vas a dormir.
  • Platos sucios que nadie quiere lavar.
  • Baños que nadie quiere lavar.
  • El concurso de tirar cabello entre Abú y yo.
  • Palomillas gigantes que nos atacan.
  • Árboles iluminados.
  • Juntas y juntas para hacer “las cuentas”.
  • Estirar el brazo y sentirte a media noche.
  • Tus ronquidos.
  • Mis ronquidos.
  • Pájaros cagando el carro como si no hubiera un mañana.
  • Hacer pipí con la puerta abierta.
  • Planes.
  • Sueños.
  • Muchas risas.
  • Retos en común.
  • Paciencia infinita al conocer diferencias.
  • Salir a correr.
  • Cantar a todo pulmón soltando la pena por no hacerlo bien.
  • Murallas que desaparecen.
  • Exageraciones… dramas.
  • “Hacerla de pedo”.
  • Querer tener la razón.
  • Ganar cuando nos dejamos ganar.
  • Vulnerabilidad.
  • Confiar.
  • Sentirme segura.
  • Tu lucha constante entre escucharme parlotear y jugar videojuegos.
  • Mañanas llenas de energía (por tu parte).
  • Hablar de temas incómodos.
  • Aceptar.
  • Finanzas compartidas.
  • Nuestros perros.
  • Saberme en casa.

-Nos vemos pronto.

Belo y un nuevo tipo de familia

El 30 de Enero cumplí años, 27 años para ser exactos y un golpe de realidad me azotó la cara, pero de una de las formas más tiernas en las que podía llegar. Me di cuenta de que estoy formando una familia (tranquilos, tranquilos, no se me adelanten y sigan leyendo, que estoy casi 100% segura de que no nos referimos a lo mismo).

Estaba en la oficina, era un lunes completamente normal a no ser por los abrazos extras que recibí y el pastel que me esperaba pacientemente en el refrigerador del comedor. Pasé las primeras horas laborales poniéndome al corriente con los correos y pendientes de la semana cuando, aproximadamente a las 11am, me llegó un mensaje del novio que decía algo más o menos así: “Tienes una sorpresa atrás del asiento del copiloto”, le contesté con un poco de incredulidad a lo que respondió: “Solo hay una forma de averiguarlo”. Dejé por un momento mis pendientes y fui en busca de “la sorpresa” y vaya que me llevé una.

El regalo fue maravilloso y atinado como suelen ser los regalos del novio (el segundo libro ilustrado de Harry Potter para la colección), pero me dio algo más. En la envoltura, escrito con plumón, venía una tierna dedicatoria firmada con las palabras: “Tu familia”.

Siéndoles bien honesta mi primera reacción fue un “A caray, en qué momento mis papás mandaron este paquete” y justo debajo de la firma había un dibujo con el novio, Abú, Gabo y Tami… lo único que puedo decirles es que mi corazón palpitó más fuerte, no más rápido, solo con mayor intensidad.

Fue como un momento al estilo Sherlock Holmes (la serie de BBC), en donde pasan escenas a toda velocidad mientras el investigador le explica a Watson las pistas que lo llevan a la solución más lógica, esas pistas que son obvias para él, pero que pasan desapercibidos para los demás. Podríamos decir que yo era el Watson en esta ecuación.

¿Cuál fue el segundo regalo? La realización de que he llegado a ese momento de vida en donde mi familia nuclear está cambiando. Ha pasado de ser una familia de cuatro a una familia de dos (+ tres perros). Y estoy bien con eso, estoy tranquila, estoy emocionada. Me encanta que el novio se sume a los VG y me encanta sumarme a los MO y que dentro de la mezcla surja un nuevo nombre, uno que es nuestro, uno que nos une.

No sé, creo que la vida va avanzando, trayendo sorpresas y momentos mágicos. Y aunque hay períodos en que mi mente se envuelve en ridiculeces exageradas al estilo de: “Ya tengo 27 y mi vida no está cerca de lo que imaginaba a los 10” (sí, soy un cliché encantador en múltiples áreas de mi existencia). Son esos sencillos grandes momentos en mi cotidianeidad los que me hacen sonreír constantemente y tranquilizan a todos esas dramatizaciones que a veces me invaden.

Gracias, novio, diste otro jonrón.

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-Nos vemos pronto

Belo y la importancia de las palabras

Opinar. Ese maravilloso derecho que todos tenemos y que despertó el interés para escribir esta entrada.

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El otro día me topé con un comentario en la radio que decía más o menos así: “Yo tengo la suerte de tener el mayor rating a nivel nacional en programas matutinos y por eso les digo que la culpa es de….”. No podía creerlo, ¿cómo es posible que una persona de opinión pública, al parecer importante, se atreviera a vociferar con tanta ligereza un juicio fuerte y contundente hacia una situación social sobre la que tenía poco o nulo conocimiento formal? De repente, la respuesta se planteó frente a mí:

“No ponemos atención a las palabras que decimos y al impacto que estas opiniones tienen en nuestra vida y en la vida de los demás”

            Todos en este mundo, por el simple hecho de ser personas, somos responsables de las palabras que salen de nuestra boca, la intensión con las que las decimos y el impacto que tienen.      No seamos tan ligeros al utilizarlas porque sus ecos retumban fuerte, retumban lejos y retumban por mucho tiempo. Los juicios generan vergüenza y en lugar de proveer un espacio seguro para expresarnos, generan barreras más altas y con materiales más duraderos. Nos separamos en lugar de unirnos.

            Hoy, los invito a que empecemos a ponerles atención. A opinar con consciencia. A crear una cultura de análisis acerca del discurso que damos. Pongamos atención a lo que estamos promoviendo y promulgando con nuestras opiniones. Hablemos desde un conocimiento real, desde una experiencia real y no juzguemos tan rápidamente situaciones que no terminamos de comprender. Es más, no juzguemos, punto.

            Démonos cuenta del impacto que tenemos en los demás, de lo que nuestras palabras significan. Hagamos consciencia de que a lo mejor para nosotros lo que decimos no son más que palabras, pero para los demás, para esas personas que nos escuchan, pueden ser verdades que se vuelven hechos.

            Como bien lo dijo Benito Taibo en Persona normal:

“La gente le tiene muchísimo más miedo a las palabras que a los cañones. Las palabras han hecho revoluciones, puentes, caminos. Han logrado que la gente se enamore o se odie para siempre. Hay palabras grandes como monocotiledónea o gastroenterólogo y pequeñitas pero poderosas como paz. Importantes como justicia, imprescindibles como vida, valiosas como sueño, muy poco significativas como dinero… Lo importante es cómo se usan y qué se quiere decir cuando se usan.”

-Nos vemos pronto

Belo y la adultez

Ayer en la noche fue el momento en el que dije: “Me estoy haciendo adulta”.

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Prueba #1: Las horas ya no significan lo mismo

El otro día en el carro una fuerza señorial se apoderó de mí y me hizo decir: “No puedo creer que ya estamos a finales de año, a dónde está volando el tiempo”. La respuesta del novio fue: “Mmmjjj”. Eso me llevo a pensar en la razón de esa rapidez con la que se pasan los días a mis 26 años y la lentitud con la que los sentía a los 10… En lunes… En clase de matemáticas.

                La pregunta del millón, al menos para mí, se volvió saber por qué. Les informo que la respuesta sigue sin revelárseme. Pero, llegó la epifanía de que lo importante no es a qué velocidad pasa el tiempo sino el disfrutar el momento, porque ya sea por la vida, las oportunidades o la simple rutina diaria, desde el momento en que me gradué de la universidad y entré al mundo laboral los días decidieron picar el botón de fast foward y pasar desapercibidos. Parpadeó y el lunes se vuelve viernes, vuelvo a parpadear y el viernes ya es domingo a las 11 de la noche.

Prueba #2: Tengo un plan de metas financieras

Cuándo les pregunto, cuándo se me hubiera ocurrido a los doce pensar en cosas como “fondos de retiro”, “afores”, “la diferencia entre inversión y gasto (esta siempre es una risa con el novio)”. Y ahora no solo conozco la definición de esos conceptos sino que tengo un archivo de Excel llamado “Finanzas Beli” donde apunto todos los datos que se les pueda ocurrir (gastos, ingresos, ahorros, presupuestos, adeudos…) y me encanta. Me tarde en agarrarle el gusto, pero ahora somos mejores amigos.

Prueba #3: Mis redes sociales han tenido un giro de 180 grados

Adiós a las fotos vergonzosas, a los álbumes privados en Facebook, a dejarle estatus chistosos al compañero despistado. Bienvenidas las fotos de compromisos, bodas, proyectos y lo mejor de todo: las fotos vergonzosas de hijos o mascotas.

El año pasado especialmente todas las semanas brotaban en mi News Feed un anunció de: boda, compromiso, nacimiento o embarazo. Tantos que ya perdí la cuenta de quién está en qué paso del ciclo de la vida.

Prueba #5: Ya digo frases como “Cuando yo tenía tu edad”

La verdadera cereza del pastel es caer en el error de hablar con alguien más joven que yo y olvidar lo que es tener esa edad. Ellos no pueden saber lo que es tener 26, pero yo sí sé lo que es tener 15 o 20. Y como bien nos dijo Dumbledore: “La juventud no puede saber cómo la vejez siente y piensa. Pero los ancianos son culpables si olvidan lo que es ser joven”. (Para nada estoy diciendo que soy vieja, pero ustedes entienden el punto al que quiero llegar)

                Algo que me ha enseñado este proceso de adultez, y creo vale la pena mencionar, es que aprendí a valorar y escuchar los consejos de la gente mayor que yo. Ahora entiendo que vienen desde un lugar de amor, desde un lugar de añoranza, de recuerdo y nunca llegan con el afán de aleccionar. En esta época de mi vida recibo con gusto y respeto la sabiduría brindada por aquellos que han transitado un tramo mayor del camino. Y lo único que se me ocurre concluir de todo esto es que el crecer es toda una aventura y vaya que hasta el momento ha sido divertida e interesante.

-Nos vemos pronto.

CUATRO. AÑOS. DE. RELACIÓN

Cinco meses viviendo juntos. Un aniversario más. Cuatro años de relación…

CUATRO. AÑOS. DE. RELACIÓN

El novio y yo cumplimos un año más en esta linda y retadora relación (plan con maña del señor escoger el primero de Enero para evitar el bochorno de alguna vez olvidar la fecha. Muy inteligente de su parte, hasta ahorita la estrategia está funcionando de maravilla).

—¿Cuál crees que es el secreto de que funcionemos? —pregunté.

—Paciencia —respondió. Y después de reírse en tono burlón muy sabiamente añadió—. La intimidad.

Pero déjenme explicarles antes de que vuelen a lugares que no son.

Él hablaba de esa intimidad que se vive al permitirse ser vistos por otra persona tal y como uno es. La intimidad lograda al mostrarte en cualquier tipo de momentos, pero especialmente en tus “peores”. En otras palabras, él y yo funcionamos gracias a que hemos aceptado nuestra propia vulnerabilidad (casi por completo… somos un trabajo en desarrollo) y nos atrevemos a compartirla el uno con el otro.

No siempre es fácil, a veces cuesta dos o tres intentos de entablar una conversación, a veces trae consigo momentos no tan gratos en donde nos desesperamos y tenemos que irnos cada quien a una esquina a respirar y después regresar al tema. Pero lo más importante de todo: con el paso del tiempo hemos aprendido que aunque cueste, aunque sea bochornoso o aunque nos haga sentir “expuestos”, vale la pena hacerlo y hasta ahorita siempre hemos encontrado un lugar seguro en el otro para dejar salir ese pedacito de vulnerabilidad a respirar cuando lo necesite.

Así que con mucho orgullo nos doy una palmadita en la espalda y con el corazón lleno nos digo: ¡FELICIDADES!, porque nos ha costado, porque nos ha retado y porque nos ha enfrentado a la vida para ser más honestos con nosotros mismos y poderlo ser en la relación.

-Nos vemos pronto.

 

Esta entrada me recordó la primera vez que hablé de vulnerabilidad en este blog, te la dejo AQUÍ por si te interesa leerla.