Al cerrar los ojos

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De esos días en los que me daba miedo la idea de irme a dormir…

Cierro los ojos, trato de concentrarme en mi respiración, me obligo a mantenerla tranquila mientras siento como los largos brazos de la niebla salen debajo de la cama y empiezan a subir por mis pies, se deslizan por mis piernas y dejan en mi todo su peso volviendo difícil cualquier tipo de movimiento…

Los abro, sudo frío, respiro agitadamente, está arriba, abajo, aquí, allá, en todos lados y en ninguno, es imposible detectarla, tomarla con fuerza y aventarla lejos de mí o esconderla en ese frasco de galletas prohibidas o debajo de la cama para que no logre salir nunca más.

Y de repente nada, intento cerrar los ojos una vez más y en la primera respiración la siento de nuevo, envolviendo mi torso, mis brazos, empujando con fuerza sobre el colchón y entrando por cada orificio de mi cara para lograr llegar a mi cerebro y ahí poner su campamento.

Mis ojos se abren,  agua salada rueda por mi rostro, trato de descubrirla antes de que llegue a mí, pero no logro distinguirla hasta que la encuentro materializada en mi corazón, en mi cabeza y todo se vuelve un torbellino de pensamientos y emociones sin sentido, palabras que se dibujan en mi mente y no me dicen nada: miedo, sola, loca, ansiedad, diferente, frío, calor, locura, drama, exagerada, descontrol, locura. Palabras que me dejan vacía, aterrada, luchando con todas mis fuerzas contra unos párpados que imploran cerrarse y descansar.

Se cierran, los abro… se cierran, los abro… se cierran y aparece, me toca, me llena, me aterra y no hay nada más que hacer. El destino marca esa noche para ser otra de esas en las que no duermo.

Noche número cinco, prueba no superada.

-Nos vemos pronto

Hagamos un trato

IMG_0564Vamos a poseer experiencias y dejar de tener cosas, vamos a dejar de soñar y hagamos de esta vida el sueño que tenemos.

Te propongo que soltemos las redes de la sociedad y nos guiemos por lo que somos en nuestro Ser.

Te propongo una mochila en la espalda, una cámara en el cuello y un cuaderno para escribir, llamemos “casa” al mundo y a nuestros brazos “hogar”.

Te propongo peleas en senderos desconocidos, ya que mis indicaciones no mejoran con mapas en físico, y noches con estrellas, a las que les inventemos nombres que nos parezcan graciosos.

Te propongo risas de chistes mal contados que maten el tiempo esperando trenes, lágrimas de cansancio cuando nuestros pies no puedan más y abrazos de apoyo que nos levanten a dar el siguiente.

Te propongo no dormir enojados, expresar sentimientos sin manipulación y decir “no sé” cuando las respuestas se nos escapen.

Te propongo que tengamos un hijo o dos o tres, junto con seis perros y dos gatos o si se nos antoja no tengamos ninguno, hagamos las reglas entre nosotros.

Te propongo que encontremos la velocidad exacta en la que los dos caminemos agusto y que demos el paso para no volver atrás.

Te propongo males de altura y sentimientos de grandeza por las cumbres conquistadas, aunque algunas de ellas sean más de uno que de los dos.

Te propongo aterrizar de vez en cuando mis sueños para que no siempre te toque ser el realista y también darte el espacio para que tus propias alas puedan estirarse para volar.

Te propongo que compartamos el peso para que los dos sintamos la ligereza que el amor provee.

Te propongo decir más veces sí y no dejarnos llevar por el cansancio.

Te propongo enamorarnos un poquito más cada día.

Te propongo que lo hagamos, que escuchemos esa voz que nos invita a intentar, a explorar, a ir descubriendo sobre la marcha el camino marcado, a utilizar nuestro cuerpo al máximo y abrir los ojos a los que nos rodea.

Te propongo que nos “demos la mano y vayamos a darle la vuelta al mundo”.

Te lo propongo para que al final del camino podamos vernos a los ojos y sonreír.

-Nos vemos pronto.

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Inhala… Exhala.

IMG_1130Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Siente como tu pecho se infla al compás del aire que entra y sale lentamente.

Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Se llena tu pecho, tu estomagó y el aire se mueve en un círculo constante que crece y decrece.

Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Tus manos se posan con delicadeza sobre tus muslos.

Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Tus párpados pesan, y se cierran con tranquilidad al momento en que tu pecho se queda sin aire.

Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Las imágenes de tu mente se calman, se vuelven menos borrosas, más lentas.

Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Un resplandor blanco llena todo tu espacio mental.

Inhala… 1… 2… 3… Exhala. Calma, déjalo ir… Calma.

-Nos vemos pronto.

De esos tiempos en los que esperaba príncipes azules

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Erase una vez una princesa que vivía en una tierra fantástica y mágica, llena de personas audaces, bondadosas, leales y que sobre todas las cosas creían en el honor. Un día, alrededor de los 10 años, encontró la puerta a un mundo totalmente nuevo, tenía los mismos árboles, las mismas calles, a simple vista todo era igual, pero el aire se respiraba distinto y las personas tenían un extraño toque de luz. De vez en cuando se topaba con dos personas que caminaban tomadas de la mano y brillaban con una intensidad cegadora. Ella creyó que esa intensidad se debía a que caminaban juntas y desde ese momento se fue formando en su cabeza la idea de un ser perfecto que iba a venir a completarla, a hacer que su luz brillará con esa deslumbrante intensidad. A partir de eso, su cabeza se dedicó a buscarlo.

La primera vez que creyó encontrarlo tenía 11 años, un corazón limpio y una sed inmensa de conocer. Junto a él empezó a experimentar el uso y desuso de sentimientos y emociones que se veían muy grandes para un cuerpo tan pequeño. Los dos estaban rodeados de un amor que brillaba fuertemente, pero no lo suficiente. Él se fue, tan fugazmente como llegó. Había cumplido su propósito: la puerta estaba abierta.

A los 14 años encontró otro príncipe que le enseñó la absoluta verdad en la frase “el que persevera alcanza”. Pasó casi 5 años con ese amor, entendiendo cómo se formaba y creyéndose sabia y toda poderosa, en su mundo ella tenía todas las respuestas. Pero, ese poder y esa certeza que creía tener la llevaron a ponerse una capa suave y aterciopelada que tapó su luz, dejándolo brillar a él. Llegó el día en que se dio cuenta de que él no era ese príncipe que ella se imaginaba y algo que sentía tan certero y eterno se acabó. Después de todo, brillar por querer brillar, termina siendo un sentimiento vacio.

¿Qué pasaba con ese príncipe que tenía que llegar a completarla? No aparecía por ningún lado. El camino era largo y la gente que lo transitaba era mucha, pero todos iban encapuchados y sus luces se mantenían atrapadas. ¿Cómo encontraría a su media naranja si no podía distinguir su brillo, ese resplandor que estaba hecho para que solamente ella fuera capaz de verlo?

En un momento del viaje se topó con una encrucijada dividida por un enorme lago, se aproximó sedienta y pudo ver su reflejo, obscuro por esa capa que la mantenía firmemente mirando al piso. Miró su sobrio y bello rostro dibujándose en el agua cristalina, acercó su mano al agua, y en el momento en que estaba por tocarla, sus ojos la voltearon a ver, y en ellos encontró una chispa de luz, descubrió su cabeza, desabrochó esa capa que una vez fue suave y ahora le raspaba la piel, se vio, su respiración se cortó, lagrimas brotaron de su rostro y una enorme sonrisa se dibujo en su cara. Estaba completa, su reflejo mostraba un ser hermoso y entero. Ante esta realización su alma empezó a despertar y su cuerpo comenzó a emanar una luz sutil y bella, llena de calor.

A partir de eso, se encontró dando, otra vez, los pasos a un mundo nuevo, tenía los mismos árboles, las mismas calles, a simple vista todo era igual, pero el aire se respiraba distinto y su luz brillaba con una intensidad cegadora.

Esa es, hasta el día de hoy, la enseñanza más importante que la vida le ha dado: No necesitó de alguien o de algo que la completará, ella era una totalidad, ella estaba entera. Cada persona que venía a su vida era una suma a su luz, pero nadie tenía la capacidad de restarle brillo. Entonces entendió que no estaba esperando un príncipe, buscaba un compañero que caminará a su lado, viendo juntos hacia el mismo horizonte.

***

Hoy él brilla junto a ella, sin capas, sin mitades que faltan. Creen haberse encontrado, pero saben que la vida da muchas vueltas y piensan disfrutar de sus brillos por el tiempo que les toque compartirlos. Secretamente, desean que en su historia siga un: “…y brillaron felices para siempre”.

-Nos vemos pronto.

La aventura nos aguarda

“Estoy tan cerca, sólo un poco más y por fin llegaré al inicio de mi aventura”, pensó Red mientras arrastraba su delgado cuerpo con toda la fuerza de la que era capaz. La orilla del escritorio estaba a unos cuantos empujones de distancia y ahí se encontraba su libertad.

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Al llegar a ella asomó su pequeña cabeza: “Wow, esto es más alto de lo que pensaba”, dijo con nerviosismo, “Venga, Red, recuerda la intensión de esto, visualiza tu éxito”, pensó imitando esas frases cursis que Miriam lo hacía escribir de vez en cuando. Respiró profundamente y dio el empujón que necesitaba para entrar a ese vaivén de indecisión, y mientras gritaba: ¡Por la libertad!, por fin abandonó su peso al vacío y empezó a caer.

“Si, lo estoy haciendo”, dijo mientras sentía cómo su cuerpo era jalado por la fuerza de gravedad y su cabeza ahora estaba viendo al piso. “Por fin, no más exámenes que revisar, no más tachas que poner”, la euforia del momento se apoderaba de él mientras su cabeza regresaba por un breve momento al cielo en un giro que parecía no acabar. “Qué dices ahora, Azulito, ya nunca más tendrán miedo los niños de verme en sus exámenes, se acabó”. Cabeza piso, “¿Cómo no se me ocurrió esto antes?”; cabeza cielo, “Soy un genio”; cabeza piso “Se acabó el escribir como esclavo cosas que no quiero”. La velocidad ejercía presión sobre su cabeza al girar otra vez, “Lo…estoy…logrando”. Por fin pasó el tercer cajón del escritorio, estaba a punto de llegar a su libertad, un último giro  y podría comenzar la más emocionante aventura de su vida. “Fuerza, Red, que viene lo duro”. El piso se acercaba a él cada vez más, estaba a punto de llegar, cerró los ojos en preparación y aguantó la respiración para soportar el golpe y…Llegó. la foto 1 (2)

El aterrizaje no fue tan fuerte como se lo imaginaba, “Suerte que mi tapa es de plástico, el universo esta de mi lado”, dijo con una leve risilla, “Siguiente paso: la puerta”, anunció a él mismo. Y al alzar la vista buscándola sus ojos se asombraron al darse cuenta de que su libertad se encontraba a más de unos cuentos empujones de distancia.

-Nos vemos pronto :)

Ya no quiero que te vayas

la foto (22)Estaba terminando de leer un libro el día de hoy y de todas las cosas que pasaban por mi mente esas fueron las que lograron sacarme de mi concentración y mandarme a volar. De esas veces que sigues leyendo pero que en algún punto te detienes y dices: “Muy bien, tengo que regresar porque no tengo idea de que leí en esas 3 páginas por estar soñando despierta”. Y no porque sea un mal libro, al contrario, fue ese pensamiento evocado por su lectura que no se pudo obviar.

            Ya no quiero que te vayas. Pude imaginarme claramente la escena de domingo por la tarde acostada en la cama mientras veo cómo arreglas tu maleta (que normalmente consiste en guardar la computadora y meter dos playeras en una mochila más grande de lo necesario). Al terminar te acercas a mí, yo me levanto y me pongo de rodillas en la cama, me abrazas para despedirte y por primera vez me atrevo a decir lo que siento todos los domingos que te veo desde hace casi 2 años: “Ya no quiero que te vayas”. Y es la primera vez no por falta de confianza o pena de exponerme tanto. Si no porque la emoción pudo más que la razón y salió sin poderlo detener (como esa vez que me dijiste te amo de la nada, en una fiesta mientras nos reíamos de un comentario atinado que complementamos a la perfección. Y los dos tomados por sorpresa ante tus palabras nos vimos y nos reímos aún más. La manera perfecta de que esa frase tan temida entrará en nuestra relación). No buscaba detenerlo porque fuera malo, si no simplemente porque no quiero poner una posición incómoda o difícil en nosotros, ya que en estos momentos nuestra realidad no tiene como ser otra, en estos momentos es lo que nos toca vivir y darle brillo de la mejor forma que podamos. Te digo eso, “Ya no quiero que te vayas”, aún abrazándote, me aviento para atrás trayéndote conmigo y logro entrelazar mis piernas en tu espalda baja para sentirte lo más pegado a mi posible.

            No se necesitan palabras en un momento así, sólo sentir tu respiración al compás de la mía y cómo exhalas el aire al nivel de mi cuello, luego me haces sonoras trompetas, nos reímos y se aligera el ambiente, nos vamos separando mientras enlazamos las manos. Caminamos a la puerta, me das un beso y nuestras manos se sueltan mientras cruzas el umbral, “Con cuidado”, te digo.

…..

El primer día que no estás es el más difícil, cuando mi cama todavía tiene tu olor pero tu figura no se dibuja en la sábana. Uno pensaría que sería más fácil porque el recuerdo de tu presencia está fresco, pero no es así, al menos en mi caso. Normalmente hay algo olvidado (como hace dos semanas ese cinturón negro), recuerdo como gané la lotería cuando olvidaste una sudadera y pude dormir calientita sintiendo que me estabas abrazando toda la semana. Después, conforme pasan los días me voy acostumbrando a que no estás, te extraño, pero la sensación es diferente y entonces llega el viernes, entras por mi puerta, me aviento a tus brazos, nos reímos y reinicia el ciclo que no tiene un final escrito en donde sigo diciendo en silencio: “Ya no quiero que te vayas”.

-Nos vemos pronto

La mujer que sentía su corazón

Los benditos rayos del sol fueron los aliados que permitieron a Alicia llegar a tiempo al trabajo. Al sentirlos sobre sus ojos despertó, bom…bom, volteó a ver el reloj y dando un brinco, que cualquier atleta envidiaría, saltó de la cama y corrió al vestidor a cambiarse, bom.bom.bom. Las siete y veinte eran muy tarde para estarse levantando. Bajó rápidamente las escaleras y salió corriendo de la casa para tratar de alcanzar el camión de las siete y cuarenta, bombombom. Lo alcanzó y, al fin sentada, estaba segura de que no llegaría tarde, bom…bom.

            Alicia no era la chica común y corriente. Nació con una peculiar característica: sentía su corazón. No en la manera de ser consciente del espacio corporal que abarca, no. Ella tenía una constante presencia de los latidos que daba. Cosa extraña, sin lugar a dudas, pero en ocasiones podía resultar bastante útil, como su madre le dijo el día que le confesó su habilidad: “Dejar que nuestro corazón sea la brújula de nuestra existencia es la mayor bendición que podemos tener, mi vida”; y desde entonces siempre se vio a sí misma como esa niña bendita que se convirtió en mujer al compás de su corazón, bom…bom.

            Se encontraba en ese borde peligroso entre los veinte y los treinta años en donde tu ambiente empieza a cambiar (una vez más) y la presión social encuentra un pico de crisis en donde si no estás llenando el molde las miradas y preguntas de extrañeza comienzan a llegar. Ella aún no sabía para donde iba ni que quería hacer de su vida, parejas habían llegado y se habían despedido, trabajos empezados y dejados, planes a medias, mudanzas, modas, bodas, bebes, todo era un constante cambio, todo a excepción de su fiel corazón, Alicia podía contar con que en la mañana al despertar ahí iba a estar con su “bom…bom” y que en la noche al dormir ese sonido guardaría su sueño de todo mal.

            Sentada en el asiento del final admiraba el paisaje de todos los días, bom…bom, el camión se detuvo en lo que sólo podía ser un alto, bom…bom, y vió cómo una persona llegaba corriendo con la esperanza de alcanzarlo antes de que arrancara, “Otro gallo dormido que no hizo su trabajo”, pensó riéndose para sus adentros, bom…bom. El camión avanzó, Alicia percibió los pasos del extraño que había subido y siguió el sonido hasta que se detuvo a lado de ella y se sentó. Bom.bom.bom, “Está bien, tranquilo”, pensó Alicia dirigiéndose a su corazón y, siguiendo el consejo que le había dado su madre, se guió una vez más por el eterno cantar de su mejor aliado. Giró su mirada para ponerle cara al adormilado compañero que le había causado tal emoción, “bombombombombom”, fue lo único que se logró escuchar.

-Nos vemos pronto