Belo y la adultez

Ayer en la noche fue el momento en el que dije: “Me estoy haciendo adulta”.

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Prueba #1: Las horas ya no significan lo mismo

El otro día en el carro una fuerza señorial se apoderó de mí y me hizo decir: “No puedo creer que ya estamos a finales de año, a dónde está volando el tiempo”. La respuesta del novio fue: “Mmmjjj”. Eso me llevo a pensar en la razón de esa rapidez con la que se pasan los días a mis 26 años y la lentitud con la que los sentía a los 10… En lunes… En clase de matemáticas.

                La pregunta del millón, al menos para mí, se volvió saber por qué. Les informo que la respuesta sigue sin revelárseme. Pero, llegó la epifanía de que lo importante no es a qué velocidad pasa el tiempo sino el disfrutar el momento, porque ya sea por la vida, las oportunidades o la simple rutina diaria, desde el momento en que me gradué de la universidad y entré al mundo laboral los días decidieron picar el botón de fast foward y pasar desapercibidos. Parpadeó y el lunes se vuelve viernes, vuelvo a parpadear y el viernes ya es domingo a las 11 de la noche.

Prueba #2: Tengo un plan de metas financieras

Cuándo les pregunto, cuándo se me hubiera ocurrido a los doce pensar en cosas como “fondos de retiro”, “afores”, “la diferencia entre inversión y gasto (esta siempre es una risa con el novio)”. Y ahora no solo conozco la definición de esos conceptos sino que tengo un archivo de Excel llamado “Finanzas Beli” donde apunto todos los datos que se les pueda ocurrir (gastos, ingresos, ahorros, presupuestos, adeudos…) y me encanta. Me tarde en agarrarle el gusto, pero ahora somos mejores amigos.

Prueba #3: Mis redes sociales han tenido un giro de 180 grados

Adiós a las fotos vergonzosas, a los álbumes privados en Facebook, a dejarle estatus chistosos al compañero despistado. Bienvenidas las fotos de compromisos, bodas, proyectos y lo mejor de todo: las fotos vergonzosas de hijos o mascotas.

El año pasado especialmente todas las semanas brotaban en mi News Feed un anunció de: boda, compromiso, nacimiento o embarazo. Tantos que ya perdí la cuenta de quién está en qué paso del ciclo de la vida.

Prueba #5: Ya digo frases como “Cuando yo tenía tu edad”

La verdadera cereza del pastel es caer en el error de hablar con alguien más joven que yo y olvidar lo que es tener esa edad. Ellos no pueden saber lo que es tener 26, pero yo sí sé lo que es tener 15 o 20. Y como bien nos dijo Dumbledore: “La juventud no puede saber cómo la vejez siente y piensa. Pero los ancianos son culpables si olvidan lo que es ser joven”. (Para nada estoy diciendo que soy vieja, pero ustedes entienden el punto al que quiero llegar)

                Algo que me ha enseñado este proceso de adultez, y creo vale la pena mencionar, es que aprendí a valorar y escuchar los consejos de la gente mayor que yo. Ahora entiendo que vienen desde un lugar de amor, desde un lugar de añoranza, de recuerdo y nunca llegan con el afán de aleccionar. En esta época de mi vida recibo con gusto y respeto la sabiduría brindada por aquellos que han transitado un tramo mayor del camino. Y lo único que se me ocurre concluir de todo esto es que el crecer es toda una aventura y vaya que hasta el momento ha sido divertida e interesante.

-Nos vemos pronto.

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2 comentarios en “Belo y la adultez

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