La mujer que sentía su corazón

Los benditos rayos del sol fueron los aliados que permitieron a Alicia llegar a tiempo al trabajo. Al sentirlos sobre sus ojos despertó, bom…bom, volteó a ver el reloj y dando un brinco, que cualquier atleta envidiaría, saltó de la cama y corrió al vestidor a cambiarse, bom.bom.bom. Las siete y veinte eran muy tarde para estarse levantando. Bajó rápidamente las escaleras y salió corriendo de la casa para tratar de alcanzar el camión de las siete y cuarenta, bombombom. Lo alcanzó y, al fin sentada, estaba segura de que no llegaría tarde, bom…bom.

            Alicia no era la chica común y corriente. Nació con una peculiar característica: sentía su corazón. No en la manera de ser consciente del espacio corporal que abarca, no. Ella tenía una constante presencia de los latidos que daba. Cosa extraña, sin lugar a dudas, pero en ocasiones podía resultar bastante útil, como su madre le dijo el día que le confesó su habilidad: “Dejar que nuestro corazón sea la brújula de nuestra existencia es la mayor bendición que podemos tener, mi vida”; y desde entonces siempre se vio a sí misma como esa niña bendita que se convirtió en mujer al compás de su corazón, bom…bom.

            Se encontraba en ese borde peligroso entre los veinte y los treinta años en donde tu ambiente empieza a cambiar (una vez más) y la presión social encuentra un pico de crisis en donde si no estás llenando el molde las miradas y preguntas de extrañeza comienzan a llegar. Ella aún no sabía para donde iba ni que quería hacer de su vida, parejas habían llegado y se habían despedido, trabajos empezados y dejados, planes a medias, mudanzas, modas, bodas, bebes, todo era un constante cambio, todo a excepción de su fiel corazón, Alicia podía contar con que en la mañana al despertar ahí iba a estar con su “bom…bom” y que en la noche al dormir ese sonido guardaría su sueño de todo mal.

            Sentada en el asiento del final admiraba el paisaje de todos los días, bom…bom, el camión se detuvo en lo que sólo podía ser un alto, bom…bom, y vió cómo una persona llegaba corriendo con la esperanza de alcanzarlo antes de que arrancara, “Otro gallo dormido que no hizo su trabajo”, pensó riéndose para sus adentros, bom…bom. El camión avanzó, Alicia percibió los pasos del extraño que había subido y siguió el sonido hasta que se detuvo a lado de ella y se sentó. Bom.bom.bom, “Está bien, tranquilo”, pensó Alicia dirigiéndose a su corazón y, siguiendo el consejo que le había dado su madre, se guió una vez más por el eterno cantar de su mejor aliado. Giró su mirada para ponerle cara al adormilado compañero que le había causado tal emoción, “bombombombombom”, fue lo único que se logró escuchar.

-Nos vemos pronto

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3 comentarios en “La mujer que sentía su corazón

  1. Lizz dijo:

    Debo felicitarte, me encanta como escribes, de ahora en adelante me declaro fan de tus escritos. Debo confesar que me había perdido bastantes publicaciones tuyas :/ pero me da mucho gusto ver el estilo con el que escribes que ahora me siento culpable de todo lo que me he perdido. Felicitaciones y mucho éxito Belo!! Espero mas historias!!

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    • ¡Muchas gracias! Me encanta que te gusten, te entretengan y más importante te dejen algo especial. Te prometo que todo lo que venga será desde lo más profundo de mi corazón y siempre en pro de hacerlo un poco mejor. Y no te preocupes que no te has perdido de nada, todo esta unos cuantos clicks para atrás 👍😊

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