De confianza y de ti

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Yo quería a esa flor. Cuando tenía ocho años me la topé en el jardín de la abuela en mis vacaciones de verano y fue mágico. Ahí estaba ella: verde, delgada, con unos hermosos pétalos blancos que parecían pedacitos de nube y un bello centro con rayos que asemejaban al sol. Todos los días, al despertar, salía a pasar mis mañanas a su lado. Tomábamos té (que en realidad era agua con azúcar porque el té sabía a plantas y como nueva amante de ellas o al menos de una de ellas no podía atreverme a comerlas, no sería coherente), le contaba mis días y ella, con una paciencia eterna, me escuchaba y se movía al compás del viento mientras me contestaba. Yo, con mis ocho años y sin saber nada de la vida, pensé que estaría siempre para mí.

Los días pasaron y el tiempo para regresar a casa había llegado. Corrí a despedirme de ella, la noté triste: su tallo estaba inclinado con las hojas tocando el pasto y sus pétalos que normalmente alababan al sol estaban caídos como si quisieran alcanzar el suelo, sin vida. Le prometí que volvería, que nos veríamos otra vez, que el tiempo pasaría volando y ni cuenta nos daríamos de que estábamos separadas, en un abrir y cerrar de ojos volveríamos a estar juntas y le contaría todas las aventuras que soñaba tener. Ella en su maravillosa ingenuidad confió en mí.

¡Que bella habilidad tenía! Confiaba en los demás con una facilidad que ahora, entendiendo lo que implica, me asombra. No es fácil hacerlo, me ha costado más de una vida de práctica y aun así me parece una utopía eso de la confianza plena, tener la certeza de algo que tiene que ver con un ser humano es tan poco probable como tratar de evitar que el sol salga y se ponga. Y ella lo aprendió de la manera más triste posible: esperando.

¿Regresé? Sí, pero tarde. Cuando por fin fue invierno y pude volver a casa de la abuela, corrí a buscarla y ya no estaba ahí, el implacable tiempo había pasado sin dejar rastro de ella. Ahora yo la espero en nuestro lugar secreto, por las tardes la busco en otros jardines, deseo encontrarla pero nunca está, y así cómo la confianza que no supe cuidar, no sé si la vuelva a recuperar.

-Nos vemos pronto.

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5 comentarios en “De confianza y de ti

  1. Claudia Gracia Nava dijo:

    Confiar es amor, es tranquilidad, es paz, es seguridad. Qué gran compromiso es tanto para quien nos la inspira, como para a quienes se la inspiramos.
    Llegar a perderla es un golpe en el alma, sin duda fortalece y nos lleva a la reconciliación espiritual y al perdón.
    TQM Bely

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    • Totalmente de acuerdo, tía! Una vez leí que uno de los mayores regalos que alguien puede darnos es el confiar en nosotros y que en este mundo tan frágil de lo más importante que podemos hacer es tomarlo con el respeto y solemnidad que se merece.

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