Belo y el Águila

aguila by alan hinchliffe on fivehundredpx

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“El dilema del águila”… Hace poquito me reencontré con esta anécdota que escuche por primera vez en la universidad, la primera vez que escuche esto yo dije “Na, ni de chiste”, pero lo investigue y ¡Es cierto! Quede sorprendida, de verdad me parece una transformación muy intensa y va más o menos así:

“El águila es el ave que posee la mayor longevidad de su especie. Llega a vivir hasta 70 años. Pero para llegar a esa edad, a los 40 años aproximadamente sufre uno de los momentos más críticos de su existencia.

Para esa edad sus garras se vuelven frágiles y flexibles, se doblan con fragilidad y no logran atrapar a su presa. Su pico, una vez largo y fuerte, se curva apuntando contra su pecho y se vuelve una herramienta inútil. Sus alas se vuelven pesadas por sus gruesas y duras plumas y se le dificulta volar.

Entonces se encuentra con dos únicas alternativas: Morir… o pasar un doloroso proceso de renovación que dura de 4 a 5 meses.

Para esto tiene que volar hacia lo alto de una montaña y refugiarse en un nido próximo a una pared rocosa donde no necesite volar. Y aquí es donde verdaderamente comienza el trabajo:

  1. Comienza a golpear con su pico la pared hasta que consigue desgarrarlo y arrancárselo y así darle paso a uno nuevo.
  2. Con su renovado pico comienza a desprenderse las garras hasta eliminarlas por completo.
  3. Cuando las nuevas garras comienzan a crecer empieza a arrancar sus plumas en espera de que nazca su nuevo plumaje.

Habrán pasado meses para que todo esto pase, meses en los que el águila se las tuvo que ingeniar para sobrevivir en una posición de increíble desventaja. Pero al finalizar, saldrá renovada y con esas nuevas alas saldrá al vuelo dejando atrás ese pasado y entrando a ese presente con una existencia renovada.

Este relato nos habla de una posibilidad de cambio, mas bien, nos habla de cómo en algún momento de la vida se llega a una encrucijada (o varias) que son claves en nuestra vida, que nos piden cambios que vienen desde la raíz, un cambio de ideología, de manera de pensar y de actuar. Nos habla de esos momentos en donde al final del camino se nos presentan 2 direcciones: “morir (metafóricamente hablando) o vivir”.

Creo que el águila nos invita a tener como combustible de vida la felicidad, esa que damos por sentado y la dejamos de lado creyendo que llegará cuando logremos todas esas metas y sueños que nos hemos propuesto, esto no es así. Como lo hemos oído mucho y es uno de los tantos clichés que tenemos (que en este caso creo es cierto) la felicidad no es la meta o el destino, la felicidad es el camino.

La felicidad, la plenitud y la trascendencia deberían de ser nuestros pilares de vida y ojo, no me malinterpretes, no hablo de una vida en la que no haya momentos de tristeza, incertidumbre o enojo, eso es hablar de imposibles, pero que sean precisamente eso: momentos, que llegan, nos mueven un poco y pasan. Yo hablo acerca de disfrutar levantarnos cada mañana, de hablar con alguien, de comer, de hacer lo que nos gusta, de dormir, de maravillarnos con lo que tenemos a nuestro alrededor, de saber que estamos caminando para un lugar (aunque no tengamos muy claro en todo momento que lugar es).

Y si hoy hay una sola persona leyéndome que pueda decir que no está en armonía consigo misma, te digo que te encuentras en una de esas encrucijadas que exigen una decisión, que piden un cambio.

Qué mejor día que hoy para empezarlo.

-Nos vemos pronto

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