Belo y Prudencia

Prudencia y yo nos conocimos desde pequeñas, la primera vez que supe de ella fue una tarde en que mis papás me la presentaron estando en la casa. Al principio no teníamos mucho que decirnos, éramos dos pequeñas desconocidas que habían sido puestas en el mismos espacio y no sabíamos a ciencia cierta que se esperada de nosotras, pero el tiempo fue pasando y con toda su sabiduría Prudencia y yo nos fuimos conociendo mejor y fuimos encontrando varias cosas en común.

Empezamos a pasar mucho tiempo juntas en la escuela, en mi casa, en todos lados. Empecé a entenderla mejor y hasta puedo decir que en ese tiempo éramos mejores amigas. Toda nuestra niñez fue bastante tranquila, en todos esos años no recuerdo que haya puesto en verdadera prueba nuestra amistad, si tuvimos uno que otro momento incomodo, pero nada fuera de lo normal en este arte de crecer y entender nuestro papel en el mundo.

Prudencia era muy divertida, era linda y humilde y ahora me doy cuenta que su amistad le sumaba mucho a mi vida. Fue una gran alegría para mí cuando nos encontramos en secundaria y aun más cuando camine por primera vez los pasillos de la preparatoria y ahí estaba ella esperándome en la puerta del salón. Platicar con ella siempre me ayudaba mucho, me daba una perspectiva muy humana de la realidad, ella siempre encontraba la manera de hacerme ver el momento en que una chiflazon, un enojo o un comentario hiriente me alejaban de mi corazón… mientras estábamos juntas de mi boca siempre salía una palabra amable, un roce de apoyo y un silencio para escuchar.

Pero de repente, como en todas las relaciones, llegaron los problemas. La entrada a la universidad fue algo muy diferente para nosotras y nuestra amistad, la repentina libertad y la sobrecogedora responsabilidad formaban un equilibrio delicado que en varias ocasiones se balanceaba de más. Prudencia y yo empezamos a conocer a más gente, otros puntos de vista, otras realidades fuera de la burbuja mágica en la que vivíamos y con esto fuimos encontrando diferencias.

Yo con mis aires de libertad y de aventurera camine muy rápido para ella y nos alejamos, nos seguíamos frecuentando, seguíamos siendo amigas, pero poco a poco fui dejando de escucharla como antes, fui olvidando sus consejos y sin saber cómo, ni cuándo, ni dónde un día me di cuenta de que ya no estaba en mi vida.  Regresando a mi casa un día por la noche y meditando en mis andares del día me di cuenta que no estaba, por primera vez pude sentir su ausencia y la extrañe.

A los 5 es normal que no tengas Prudencia, el mundo es un lugar enorme que apenas vas a empezar a conocer, tus relaciones con los demás están empezando y Prudencia puede estar descansando sin mayor problema sabiendo que tus pasos son cortos y fáciles de alcanzar.

A los 16 no es “esperado” que Prudencia sea gran parte de tu vida, ya que en esos momentos tu habilidad para saber todo y tener siempre razón está en su pico más alto y muchas veces la voz de Prudencia es bajita y no la logramos escuchar.

A los 25… ella debería estar aquí como una fuerza constante en tu vida que guía tus pasos. Y no la Prudencia miedosa, no esa no nos sirve, la que debe de estar es la Prudencia HUMANA, esa que nos invita día con día a ser mejores personas.

Hoy hablé con ella, le pedí que regresara a mi vida y tan encantadora como siempre me dijo que nunca se fue, que solo estaba esperando a que callara mi ego y escuchara a mi corazón para así poderla encontrar ahí.

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-Nos vemos pronto

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