Sabiduría de parque

Un día, hace ya un buen tiempo, fui a un parque cerca de mi casa, me senté y me dispuse a leer, era un día muy fresco de primavera y el parque estaba enverdecido, floreado y en perfecta tranquilidad. Sentada en la banca vi a una pajarita que venía caminando, me volteo a ver, se acerco más, se elevó y se posó a un lado mío. Era una pajarita muy linda, blanca con pequeñas manchas azules en su plumaje, tenía unos ojitos cafés y un pico rosado.

Se me hizo muy extraño que estuviera caminando cuando nadie le estaba dando pan. Si yo pudiera volar lo haría siempre, exploraría el cielo junto con sus corrientes de aire de día y conocería el firmamento con cada una de sus estrellas de noche, subiría al pico más alto y bajaría a la fosa más profunda, me gustaría mas teletransportarme, pero volar no estaría nada mal.

– Contestando a tu pregunta- empezó la pajarita- te puedo decir que es porque apenas estoy volviendo a volar.

Deje de lado el hecho de que un pájaro estaba hablando y yo le estaba entendiendo y le pregunté:

– ¿Volviendo? ¿Por qué alguien en su sano juicio dejaría de volar por elección propia?

– Porque hace mucho tiempo me caí de muy alto, me disloque un ala y luego yo solita, por no cuidarme como debía, me la termine de romper.- contesto la pajarita-  Y deja que te diga algo: no es nada fácil curar un ala que te rompiste tú solita, la rehabilitación es muy larga y necesitas tenerte mucha paciencia.

-¿Ya estás bien?

– Ya tiene rato, todavía me faltan unos detallitos por sanar, que tienen que ver conmigo, pero ya está casi listo, mi ala ya no era lo que me impedía volar.

-Y entonces ¿qué fue?- le pregunte interesada, no es algo de todos los días encontrar un pájaro que habla.

Ella suspiro profundo – Miedo. No es fácil sabes, uno cree que nunca le va a tener miedo a algo que es tan natural para sí mismo, el volar fluye en mi como el aire en mis pulmones o el agua cuando toca mi plumaje. Pero cuando llega la hora de volver a soltar la rama y ves que a dónde vas a saltar e intentar volar es muy alto y hay tanto que no puedes controlar, como el aire o el clima, el tráfico aviar es lo peor, los pájaros luego no respetan turno y… en fin es un gran problema.

-¿Cómo lo venciste? Porque lo hiciste, ya que estas volando otra vez.

-No sé cómo lo hagan los demás, pero yo encontré un compañero de vuelo que al ver a los ojos me hacia olvidar por completo a que era lo que le tenía tanto miedo.

-Esto me está sonando como historia de amor… ¿Cómo logró convencerte?

– De amor definitivamente y vaya que ha tenido de todo. Y convencerme, para serte sincera creo que nos convencimos mutuamente, él también estaba lastimado y hasta podría decir que un poco más que yo o al menos más veces. Lo conocí de la manera más normal posible, congeniamos casi instantáneamente entre una mezcla de necesidad, añoranza, sorpresa y química, con la certeza de que estaba predestinado gracias a una vida pasada en la que fuimos algo importante en la vida del otro, a lo mejor como delfines o perros; a lo mejor sólo fue que merecíamos encontrarnos, que en nuestra vida habíamos pasado por lo necesario para poder vernos, reconocernos y valorarnos.

Después nos empezamos a conocer de más, luego un poquito de menos y luego otra vez de más. Y entre ese conocernos y desconocernos y reconocernos, yo fui sanando con mi buen numero de tropezones y él empezaba a sanar pero se lastimaba otra vez, en varias ocasiones. Y así, él oía mis tropezones y yo sus heridas nuevas y algunas que se volvían a abrir; pero lo más importante, al menos desde la perspectiva de esta historia, fue que nos retamos, nos enojamos, nos gritamos, nos quisimos, nos abrazamos, lloramos, nos reímos, nos burlamos, nos hartamos, nos perdonamos y nos ayudamos a levantarnos mutuamente cuando solos no nos daban las fuerzas. Me gusta creer que cada uno, a su manera, le abrió al otro el panorama tan reducido y limitado que tenía, nos complementamos y eso fue lo que desarrollo la habilidad de leernos las mentes y de hablar en el lenguaje de nosotros.

Y aquí viene la parte más difícil: aceptar que sientes algo, aceptar un sentimiento que tú ni sabias que querías o estabas lista para tener. Al final, después de varias noches de insomnio y unos cuantos encuentros cercanos del tercer tipo pude abrazar el sentimiento, pude palparlo, saborearlo hasta que se hizo perfectamente afín a mí.

– ¿No te da miedo volver a caer?

– Es aterradora la idea y de repente llega, pero no a caer de nuevo si no a lo desconocido. Pero no necesito más que verlo a los ojos y llega la paz. No sé como transmitirte el sentimiento de ver a alguien a los ojos y, a parte de sentir que todo es posible, sientes que tu corazón está en el lugar indicado y que estas con alguien que sabe lo preciado que es lo que tiene entre las alas, y eso te da una capita extra de protección ante el mundo. Y con eso fue como pude atreverme a saltar, mover mis alas entumecidas y levantar vuelo; y sabes, venga lo que venga cada vez tengo más certeza de que el vuelo diario a su lado es el camino migratorio que me está destinado.

De la nada sentí un dolor agudo en la cabeza, me desperté sobre saltada por el tremendo cabezazo que me di con la banca, volteé para todos lados tratando de encontrar algo de la linda pajarita, pero no encontré rastro alguno de su presencia.

-Nos vemos pronto

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4 comentarios en “Sabiduría de parque

  1. Muy bueno la verdad, lo que mas me gusto creo yo es el echo de no solo sentirme identificado de toda manera existente y por haber con la pequeña pajarita, sino que al mismo tiempo siento y noto, que la utilizaste como excusa para quitarte un gran peso sentimental de encima, y lo hiciste una grandiosa manera, mis felicitaciones.

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    • Muchísimas gracias :)
      Y en efecto, gran parte de lo que escribo viene desde una parte muy profunda de mi corazón, es muy grato para mi leer que alguien se identifica con lo que escribo, espero que sigas disfrutando de lo que viene.
      Saludos y muchas gracias por seguir mi Blog.

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  2. cecilia dijo:

    Belo wow! lei el borrador de esto hace tantos años, todas tus sentimientos en aquellos años eran un nido de arañas, y ahora estoy muy orgullosa de ti. Es sorprendente la manera en que has crecido en estos ultimos años como persona, novia, amiga e hija. Te quiero muchisimo, deberias estar aquí conmigo, seria tu lugar ideal.

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